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El Cronicón Cinéfilo 2ª Época

Artículos de Cine de J.P.Bango

Diciembre del 2004

Fin de año empantanado

31 de Diciembre, 2004, 0:00

Por @ 31 de Diciembre, 2004, 0:00 en General

Estamos lejos pero también podemos ayudar:






Resto de organizaciones:


Feliz y solidario nuevo año 2005

No fue un año más

30 de Diciembre, 2004, 0:00

Por @ 30 de Diciembre, 2004, 0:00 en General

Dos menciones satisfactorias (la posición de finalista en los Bob’s obtenida por el Cronicón en la categoría del mejor blog periodístico en lengua española, y otra de la misma categoría -y similar orgullo- en el I Premio Vórtice de Ciencia Ficción, conseguida por el único relato que he podido escribir este año), sirvieron para reconducir un rumbo que, por momentos, parecía dirigirse hacia el más impertinente de los iceberg.

No fue un año más, no, este primer año de El Cronicón Cinéfilo. Fue un año repleto de cine, sí, de crónicas diacrónicas, sí, de artículos más o menos ingeniosos, siempre pasionales y sinceros. Un año que se fue torciendo, literalmente, a medida que pasaban los meses y que alcanzó su cenit un mes de mayo desafortunado y doloroso donde llegué a perder la esperanza de que alguna vez pudiera recuperar la funcionalidad, volver a escribir, pon ende, sentirme vivo en plenitud.

Nunca se curó pero se encontró un remedio eficaz, aun temporal, incluso para aminorar los efectos del dolor, el dolor en sí, y volví a ser persona, con mi máscara y mis neuras, con problemas, como tú, sin más, convidado a dejar pasar los días hasta que llegara... la hora. La hora de Hitchcock, claro, de Carpenter, Spielberg, Coppola, Scorsese, De Palma, Loach, William, Fisher, Cronenberg, Eisenstein, Kurosawa, Leone...

Ya no me atrevo a aventurar nada. Un año más es una utopía. Sobrevivirlo un deseo. Al lado de los míos: un objetivo moral.

Escribiré todo lo que pueda en función del tiempo que pueda conseguir para que mis escritos puedan desarrollarse de manera íntegra, sean libres y lleguen a todo aquel que desee leerlos. Visiionaré todo lo que pueda, sí, en función del tiempo para variar. Leeré también, claro, para adoctrinar mis letras sobre cómo debe gestionarse el talento. Y deja´re un epsacio para los sueños y sus bondades de índole reconfortante, para convertirlos en propósitos y objetivos, para encontrar la felicidad del único modo posible: buscando.

Y para ti, amig@ lector@, dejo mis mejores deseos para este nuevo año que se aproxima: buen Cine y mejores lecturas. Y salud. Sobretodo, salud.

Nos vemos en los cines.

© J.P.Bango: Ávila, 30 de diciembre de 2004

El top del 2004

28 de Diciembre, 2004, 0:00

Por @ 28 de Diciembre, 2004, 0:00 en General

No es lo mejor del 2004 pero de lo que he visto (menos de lo que me gustaría) seguramente sea lo más destacable:

La Novia y Kill Bill

1) Kill Bill [vol. 1] [vol. 2]: Cine de género de autor.

2) Lost in Traslation: El triunfo del amor cinematografiado.

3) Los Increíbles : La resurrección de los superhéroes de ascendencia lúcida.

4) Mar Adentro: Talento narrativo.

5) Zatoichi: El espadachín ciego y el director de culto.

Y cinco menciones especiales:

1) Collateral (próximamente en El Cronicón): El regreso de Michael Mann.

2) El Mito de Bourne: La renovación del cine de espías.

3) Yo Robot: Hay vida más allá de Mátrix.

4) Shrek 2: Constantes cómicas.

5) Fahrenheit 9/11: La verdad duele.

El dilema de Rentboy

26 de Diciembre, 2004, 0:00

Por @ 26 de Diciembre, 2004, 0:00 en General

Trainspotting

Podría ofreceros un millon de respuestas, todas falsas. Lo cierto es que soy una mala persona, pero eso va a cambiar, yo voy a cambiar. Es la ultima vez que hago algo así, ahora voy a reformarme y voy a dejar esto atrás, ir por el buen camino y elegir la vida, estoy deseándolo, voy a ser como vosotros. El trabajo, la familia, el televisor grande que te cagas, la lavadora, el coche, el equipo de CD y el abrelatas eléctrico, buena salud, colesterol bajo, seguro dental, hipoteca, piso piloto, ropa deportiva, traje de marca, bricolage, teleconcurso, comida basura, niños, paseos por el parque, jornada de nueve a cinco, jugar bien al golf, lavar el coche,jerseys elegantes, Navidades en familia, planes de pensiones, desgravacion fiscal, ir tirando para adelante hasta el día en que la palmes...

[Ewan McGregor en Trainspotting (Vía Cine.eol.us)]

Spiderman 2: la máscara del héroe

24 de Diciembre, 2004, 0:00

Por @ 24 de Diciembre, 2004, 0:00 en General

Un verano, digamos, ajetreado no me permitió ver en los cines la última película del bueno de Sam Raimi, en fin, ya lo sabéis todos: Sam Raimi no es lo que era. Lástima. Su cine, de ritmo frenético, chascarrillos hilarantes, montaje exacerbado y trabajo de cámara que lo hacía salir de lo habitual (y que alcanza su cima en la monumental Darkman) ha dejado paso a un artesano de productos de alto standing, bien producidos y mejor remunerados, que le permiten mostrarnos su maestría en la narración de las secuencias de acción y algún que otro momento destacable en un conjunto global defenestrado por las exigencias simplistas de los consumidores de palomitas a granel.

Spiderman 2, continúa la senda de su precedente como si no hubiera pasado el tiempo (esto es sencillo de resolver: no pasó apenas tiempo), repitiendo los entresijos emocionales que frustan la labor de superhéroe de la araña bípeda y la historia de amor que le une a Mary Jane (maravillosa Kirsten Durnst). También nos transforma en formato celuloso a uno de los mejores antagonistas de Spiderman: El Dr. Octopus, el científico brillante que –deseando cambiar el mundo para bien- transformó su conducta y objetivos por cuenta de una comuna de tentáculos de ascendencia parásita y esclavizadora.

El resto es más de lo mismo: efectos especiales digitales perfectamente integrados con las imágenes de acción real (que alguna tiene, sí), excelente dirección artística, interpretaciones estereotipadas y más o menos soportables y alguna escena de acción destacable entre otras más rutinarias y ruidosas.

Es un producto competente, no creáis, de trasfondo existencialista y, a veces, trágico (la base comicófila aporta su grano de arena en estas lides tremendistas), sobretodo gracias al personaje de James Franco (cuya complejidad y evolución se frustra, en un descuido de guión difícil de perdonar, por su presencia en la ceremonia del final) y al epílogo que se atreve a protagonizar bajo la tutela de su padre fantasma (y que augura antagonista en la próxima nueva secuela). No deja de repetir clichés y arquetipos harto manidos: la kriptonita emocional que perturba los poderes del arácnido; algunos rescates autocomplacientes (el de su tía, por ejemplo); la relación de alumno-maestro existente entre el antihéroe y su oponente… Y cuenta con algún que otro momento poco usual en estas contiendas superheroicas: a) la cantidad de veces que nuestro amigo se desenmascara, reclamando una cuota de protagonismo que, esperamos, en nada tiene que ver con el contrato de Tobey McGuire, y que normaliza la relación del pueblo y su héroe (véase: el rescate en el metropolitano); y b) el modo de resolver alguno de los conflictos planteados, desde el duelo entre los dos antagonistas a la relación platónica que une a Peter Parker con Mary Jane.

La película de Raimi, ya lo sabéis, no pasará a la historia de las adaptaciones cinematográficas de concepto superheroico pero se sabe construir una identidad reconocible en régimen de franquiciado que vaticina alguna secuela más y pingües beneficios económicos a menos que a los productores del asunto les dé por encargarle el trabajo al bueno de Joel Schumacher para que transforme esta historia de amor y superhéroes de aroma clásico y medios de producción abrumadores, en un espectáculo paródico con luces de discoteca y trajes ajustados. Mientras esto ocurre, Spiderman 2 se suma a la lista de divertimentos prefabricados ofertados por este, de otro lado poco brillante, año cinéfilo.

Calificación:6,5

Lo más destacado: El Dr. Octopus y los ojos de Kirsten Dunst.

Lo menos destacado:El carácter subsidiario del novio de Mary Jane.

Lost in Translation: en medio de la nada

23 de Diciembre, 2004, 0:00

Por @ 23 de Diciembre, 2004, 0:00 en General

Lo he dicho más de una vez: el Padrino III es una de las obras maestras de la década de los 90 (y más allá) y la elección de Sofia Coppola para el papel protagonista no fue, en absoluto, un elección desafortunada. Primero porque no lo hacía tan mal. Segundo porque permitió que Winona Ryder protagonizara el Drácula de Bram Stoker. Tercero porque las críticas, insisto, exageradas permitieron el nacimiento de una directora de cine magnífica y una mejor guionista, una hábil y exquisita conjugadora del verbo fílmico que además posee la ventaja de conocer, de primera mano, los secretos del medio cinematográfico.

Basado en la enorme complicidad existente entre la pareja protagonista y en la soberbia actuación de ambos, Sofia Coppola deja que la narración fluya sincopada por los ruidosos recovecos de una ciudad de Tokio extravagante, nocturna, mestiza, presentándonos la historia de un hombre maduro (Bill Murray), un actor famoso venido a menos que se traslada a la ciudad para grabar una campaña publicitaria de un marca de Whisky. En el hotel, mientras cumple con los compromisos concertados con los publicitados y su agente, coincide con una joven, esposa de un exitoso fotógrafo, con quien comienza a compartir sus momentos de soledad.

Lost in Translation

Los personajes, de la mano de Sofia Coppola, se transforman en personas perdidas en un entorno autosuficiente pero frío, solitarios y necesitados de comprensión que aprovechan los bares de los hoteles para replantearse su existencia y el whisky como medio ideal para olvidarla. Por eso, el encuentro entre ambos, les sabe a modo de liberación, de renacimiento y renacidos comienzan a sentir que aún se está a tiempo, que aún siguen vivos. Sofia Coppola introduce a Billy Cristal y a Scarlett Johanson en un entorno extravagante que actúa como funcional personaje secundario. El resto lo deja a los sentimientos, emociones, necesidades, afectos, surgidos de la especial relación surgida entre ambos personajes. Todos juntos hacen de Lost in Traslation una historia bellísima e indispensable.

Lost in Traslation, en fin, es una culminación mayestática a un proyecto cinematográfico iniciado con Las Vírgenes Suicidas y la confirmación absoluta de que estamos en presencia, no ya sólo de la continuación autoral de la familia sino en su más claro sostén artístico (toda vez que el bueno de Coppola parece más dedicado a la puesta en marcha de proyectos megalómanos de dudosa viabilidad al mismo tiempo que saca un jugoso rendimiento a su colección de viñedos y bodegas) pero sobretodo, es la prueba de que el cine norteamericano también puede y sabe ofrecer productos competentes y lúcidos en cuanto consiente mantener la distancia entre lo que se supone que debe gustar a un público y el talento, indiscutible, de alguno de sus creadores.

El colofón lo pone el gran Javier Iglesias Plaza desde su imprescindible bitácora Tannhauser:

(...)Y el constante devenir tormentoso de trajes negros nada puede, y el continuo transitar de blancas telas nada hace, y el fluir incesante de cuerpos sin alma, todo prisas, ausencia de corazones, en nada los empaña... porque ellos están inmersos, perdidos en la tranquilidad, el silencio, la magia del ojo del huracán... y en él sus manos hablan, y sus pechos musitan, y sus ojos gritan todo un universo de ardores y pasiones imposibles, deseadas, desde largo tiempo atrás soñadas… y sus labios susurran al oído, muy bajito, muy dulce, muy limpio... "Eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo. Jamás voy a poder olvidar esa sonrisa"...

Calificación: 9,5

Lo más destacado: la complicidad entre ambos protagonistas y la fluidez narrativa de la película.

Lo menos destacado: no haberla visto antes.

J. P. Bango: finalista en el I Concurso Vórtice de Ciencia Ficción

21 de Diciembre, 2004, 0:00

Por @ 21 de Diciembre, 2004, 0:00 en General

Anoche se falló el I Concurso Vórtice de Ciencia Ficción, organizado por Ediciones El Parnaso, en el cual ha sido premiado como finalista el relato "La Decisión Final" de J. P. Bango. Osea, servidor. Desde El Cronicón Cinéfilo, expreso mi enhorabuena al resto de los finalistas así como al ganador del mismo, Antonio Cebrián Berruga, por su relato "La Ciudad de los Muertos".

Sólo deciros que me hizo una gran ilusión esta mención (que se añade a la posición de finalista obtenida por el relato "Obef 109" en el I Concurso de Relato Corto de Pasadizo.com), justamente en este año repleto de contradicciones y apatía.

En fin, deseo entendáis la intromisión extracinéfila pergeñada por mi (hoy entusiasmado) ego. Mañana, si se puede, retornará la información cinéfila.

El fantasma de la Ópera: mascarada bohemia

19 de Diciembre, 2004, 0:00

Por @ 19 de Diciembre, 2004, 0:00 en General

Joel Schumacher, uno de los directores que durante los últimos años se está empeñando en hacerse un hueco dentro de los posicionamientos del Cine artesano de Autor (no hay contradicción, creedme), dirige esta adaptación del musical de Andrew Lloyd Weber (que a su vez adaptaba el cuento de Gaston Leroux), con un enorme respeto hacia sus fuentes y productor y sabiendo que tiene entre manos una historia universal, de carácter simplista pero recurrente (la de Bellas y bestias), donde los héroes se enamoran ipso facto, las tinieblas ocultan pasionales fantasmas, los regentes de la ópera disfrutan de un presente bufonesco (vease Moulin Rouge) y los finales se resuelven con emotivos y solaces culminaciones.

El fantasma de la ópera recupera la historia musicada de Cristine, una joven huérfana y corista que, en secreto, recibe clases de canto de una sombra funesta, un hombre deformado pero talentoso, un fantasma exiliado en las catacumbas de la ópera que ha tenido por bien enamorarse de aquella hermosa e ingenua joven que le sigue creyendo un ángel enviado por su padre muerto para potenciar sus aptitudes musicales. El fantasma, proveedor artístico de las obras representadas en la ópera, concibe un Don Juan musicado para dar la alternativa a su ángel para lo cual tendrá que deshacerse de la primera diva de la compañía y, de paso, confirmar la reciprocidad del enamoramiento. Pero el joven y apuesto propietario de la Ópera, amigo de infancia de la protagonista, intentará sabotear el destino soñado por el Espectro...

El fantasma de la Ópera de Joel Schumacher

Aprovechando los recursos de producción generosos en el apartado de la dirección artística (algo que el antiguo decorador Joel Schumacher suele agradecer) y la música pegadiza, populista pero inspirada de Lloyd Weber, los responsables construyen una película recargada de canciones y dramas, amores imposibles y desencantos variados, atrezzo decimonónico y escotes sugerentes, humor grandguiñolesco y destinos trágicos. Schumacher levanta así una película de corte independiente que debe tanto de la historia de Leroux como del estilo arrojado de Baz Luhrmann y que encumbra al cineasta a la cima de los artesanos competentes, conocedores de las connotaciones lúdicas del ritmo (estamos hablando de un musical), del protagonismo mesurado de los escenarios, de la eficacia de un montaje competente y acompasado.

Por eso El Fantasma de la Ópera de Andrew Lloyd Weber rezuma un halo de película bientencionada, indulgente, bohemia. Algo hortera si se quiere pero sumamente disfrutable a pesar de los múltiples excesos (los decorados suntuosos, la excentricidad de alguno de sus personajes, el empalagamiento de alguna de las canciones), las deficientes interpretaciones de sus jóvenes (y angelicales) protagonistas (a excepción de Gerarld Butler) y la sensación de déja vu del conjunto. Cine musical de ascendencia romántico que hará las delicias de aquellos que aún piensan que todavía es posible conciliar el gozo con el amor.

Lo más destacado: la secuencia que nos muestra el pasado del fantasma (una lección narrativa de Schumacher) y el número musical de Masquerade.

Lo menos destacado: Que tengamos que esperar al DVD para disfrutar con plenitud (y de forma simultánea) de las excelencias de las versiones doblada y original.

Calificación: 7

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un día más

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Autoedición

19 de Diciembre, 2004, 0:00

Por @ 19 de Diciembre, 2004, 0:00 en General

Todo lo que se necesita para dirigir es alguien que te dé el trabajo. Así que me dije: chico, el trabajo es tuyo. Palabra de Clint Eastwood.

De aniversarios y novedades

16 de Diciembre, 2004, 0:00

Por @ 16 de Diciembre, 2004, 0:00 en General

A veces me pregunto por qué, de entre todas las distracciones que existen en el planeta utopía, me dio por dedicarme a la escritura amateur, una técnica –por definición- exiliada de los ámbitos de distribución remunerados, peor considerada y apenas compensada por el aliento de unos pocos lectores, por fortuna apasionados y fieles, que constituyen el único sostén emocional de cada una de las letras que adornan estos párrafos junto al placer que uno puede sentir al posar sobre celulosa palabras que tienen como (exagerada) pretensión la captación gráfica del universo que nos rodea.

Y todo tuvo un principio: El primer cronicón no era cinéfilo sino deportivo y los artículos allí perpetrados trataban de ofrecer una crónica del día a día, sobretodo, futbolístico: reflexiones sobre la cotidianidad del deporte escritas con una especial atención en el lenguaje, con unos textos fluidos y cuidados que conjugaban la pasión deportiva con el análisis fundamentado, la literatura, y el respeto hacia las opiniones. Entonces descubrí que en el deporte, como en tantos otros órdenes sociales, la verdad se confunde con el fanatismo y la reflexión de cualquier tipo y aun argumentada, te convierte inexorablemente en parte de la parte. Si tu opinión ofende... te etiqueta. Si gusta, te margina. Los colores, las banderas, las subjetividades, pensé, acabarían invadiendo los comentarios o foros a los que dieran lugar los artículos y el diálogo se convertiría, ineludiblemente, en una conjunción indiscriminada de hinchas, irrespetuosos y sin ningún ánimo para la reflexión madurada o el argumento o la empatía. Ante esta tesitura, el proyecto acabó justo en su comienzo.

Abandonada la idea de este cronicón deportivo y mientras la lamentable situación internacional me desviaba de la pretensión de adaptar aquel cronicón al ambiente geopolítico contemporáneo (en parte, la web deMentes me permitió acoger residualmente esa idea), el Cronicón adoptó para si algunos de los artículos que durante algunos meses había ido acumulando en mis colaboraciones con algunas revistas de cine electrónicas (como canalcine o cineadictos...) pero con un formato erróneo. Así que equivocado, acabé empantanado en servidores gratuitos que dudosa utilidad y siempre infuncionales, códigos html interminables, formatos de edición inadaptables para ciertos navegadores... hasta que la casualidad (serendipitividad más bien) me dio de bruces, justo hace un año, con un formato que desconocía por completo: el de los weblogs, auténtica plataforma para la reflexión de índole personal donde los lectores y los creadores coincidían en un mismo lugar y se retroalimentaban (la principal característica del blog es que el lector suele poseer además su propio universo creativo –otro blog-, un sitio en la red de redes que lo define y estimula). Dos semanas después, el primer día del año 2004, una foto del Zatoichi de Kitano inauguró el Cronicón Cinéfilo en formato bitacorero, como un espacio electrónico, de naturaleza singular y (casi) siempre pasional, donde perpetuar mis cuitas y ensoñaciones cinefílicas a mayor gloria de mi ego.

Y hasta hoy. Mañana me animaré a retomar el camino de la escritura de ficción –camino saboteado en el último año por cuenta de la enfermedad que me asoló durante la primavera y el verano y cuyo desarrollo los veteranos del cronicón ya conocéis-, de una escritura de ficción de género además, aún a sabiendas de que las fuerzas no sobran y los réditos pueden ser insuficientes para amortizar el tiempo invertido. Mi futuro lo agradecerá.

Noche de Cine

Por eso valoro enormemente y aplaudo, ilusionado, la existencia de nuevos proyectos como el de nochedecine.com, aventura de carácter personalísima emprendida por el documentalista David Huélamo que pretende, desde el amateurismo que da forma y sentido a esta red de redes, situarse como referente en el ámbito de la información cinematográfica en internet (frente a aquellos que acumulan tras de sí los estudios de marketing, los medios económicos y personales financiados por las huestes publicitarias que dominan, también aquí en la red, nuestra –consumista- cotidianidad) a través de un proceso de selección de sus fuentes y contenidos y, sobretodo, a través de una propuesta de carácter extensivo que tratará de regular y guiar al usuario en la entretenida tarea de (in)formarse sobre cine en internet.

En fin, para cualquier persona que se incorpore a este ámbito internáutico dominado por la confluencia de datos repetitivos encontrará en ese espacio un punto de partida novedoso y una propuesta sugerente y tras ella: a un grupo de personas que pondrán todo su esfuerzo en hacer viable la propuesta pergeñada por David.

Y en lo que a nosotros, lectores y creadores, respecta, nos pone de frente a un medio de comunicación ideal para comparar la delgada linea que en cuanto a calidad y entusiasmo separa el amateurismo con la profesionalidad cuando los medios de edición, creación y publicación, dependen de uno mismo.

Quizás esté por ahí la respuesta.

Ken Loach y el cine comprometido

14 de Diciembre, 2004, 0:00

Por @ 14 de Diciembre, 2004, 0:00 en General

No son habituales en este blog las "crónicas" de índole hagiográfico (salvo que estemos hablando de John Carpenter) y eso a pesar de ser un lugar financiado por los compromisos de la pasión cinéfila y por ende: subjetivo, propio, y singular. Pero hoy me apetece hablar de Ken Loach, el observador solidario como lo definió Iciar Bollain en su magnífico cuaderno de rodaje de La Canción de Carla, uno de los tipos que han sabido aunar las sujeciones del lenguaje cinematográfico con las obligaciones éticas del compromiso, un director – ya le conocéis todos vosotros- alejado de los códigos genéricos y con la misma presteza, entregado a la narración de dramas cotidianos, históricos o no, para (con)mover nuestras conciencias adormiladas en un contexto socioeconómico acostumbrado a flirtear con el acomodo y la despreocupación.

Ladybird, ladybird

En los últimos años, y persiguiendo la estela renovada del guionista Paul Laverty, presume de gozar de una salud cinematográfica envidiable y como Woody Allen, de entregarnos una película formidable cada año y medio. Este año, ya lo veréis, no será una excepción. Mientras tanto voy a dejar hablar a otros (la letra cursiva) y entre todos (la letra no cursiva) os presentaremos un acercamiento cómplice al universo comprometido de este extraordinario director.

"Su cámara logra que todos los personajes, lo que dicen y lo que hacen, lo que sienten y lo que piensan, su temor y sus ilusiones, su rebeldía y su servidumbre, suenen a verdad, a realismo inteligente, a observación de primera clase" [fuente]

"Sus películas transmiten siempre compasión, alegría de vivir, humor y un gran calor humano. Y también, una mezcla de respeto y solidaridad hacia las personas que aparecen en la pantalla". [fuente]

Su cine habla de todos nosotros. Nos da voz y un lugar para vomitar nuestra desesperación en formato 16:9 con la misma eficacia que el más sólido de los documentales realistas y con la contundencia de quien conoce todas las reglas del juego. Y eso lo consigue con un particular modo de entender los rodajes: "Con Loach, el dinero y los medios, es decir, la producción, la cámara, el sonido, la decoración, etcétera, se ponen al servicio de los actores..." "Es una manera de hacer películas que tiene más que ver con vivir que con rodar, con intuir que con racionalizar, con aprender que con saber. Una manera viva, orgánica y comprometida de contar historias que tratan de transmitir emociones, sentimientos, ideales o esperanzas". [fuente]

Por eso es el mejor exponente del cine sin aditivos, político, concienciado y terriblemente humano. Y por eso da el protagonismo absoluto al individuo. Éste llora, sufre, ríe, juega a las cartas, bebe, asiste a un partido de fútbol, busca trabajo, sobrevive con naturalidad frente a las cámaras discretas y respetuosas de Ken Loach, frente a las historias de Rona Munro, Barry Hines, Jim Allen o Paul Laverty.

"En la actualidad, dentro del panorama europeo, las películas de Ken Loach se han erigido en uno de los estandartes de este discurso cinematográfico de carácter marcadamente social que pretende denunciar la manera en que la macroeconomía liberal afecta a personas pertenecientes a la clase trabajadora" [fuente] Javier M. Tarín

Porque, "Loach utiliza el arte para retratar y denunciar la explotación y las denigrantes condiciones de vida de la clase trabajadora. Un ataque a los fantasmas del pasado y a la indiferencia del presente, para prevenir que la historia se repita en un futuro próximo" [fuente]

"A pesar de lo cargante que les pueda parecer a algunos el cine de Loach, no está de más que, de vez en cuando, el cine no sea una fábrica de sueños sino un empujón hacia la realidad. A fin de cuentas, es esa una de las vocaciones irrenunciables del séptimo arte" (Juan Orellana)

"El problema es que el cine es visto básicamente como un bien, como una mercancía. No es considerado un medio de comunicación sino un producto. Es una inversión en la cual la gente que está en la industria busca conseguir recuperar las inversiones que han hecho y sacar ganancias" [fuente]

Es Ken Loach.

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6 días no son nada

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DCD: homenaje al tío Hitch

12 de Diciembre, 2004, 0:00

Por @ 12 de Diciembre, 2004, 0:00 en General

McGuffin: La excusa/pretexto/gimmick/gancho argumental que el director necesita para a) motivar a sus personajes, b) entretener a los espectadores, c) ocultar sus perversiones y constantes conceptuales. El McGuffin alcanzaría su lexicalización definitiva con una conversación con Truffaut (la del cazador de leones en Escocia) y con el libro inolvidable al que dio lugar. Por deformación (y dando la vuelta a su significado primigenio: es decir, "la nada", el McGuffin suele ser lo único destacable de las películas escritas con desidia.

Sospecha: La de los prismáticos de James Stewart; la de Teresa Wright para con su tío Joseph Cotten en La Sombra de una duda; la de Joan Fontaine respecto a la ama de llaves de Rebeca; la del vaso de leche que porta Cary Grant en -faltaría más- Sospecha.

AnimalesJunto con los niños, los únicos personajes que no se dejaban manipular por el tío Hitch. La leyenda dice que aconsejaba no rodar ninguna película con ellos. Lo dijo pero no lo cumplió: con los segundos amplió los límites del Cine de Terror hasta coquetear con la intolerabilidad (la secuencia de las gafas) y con los primeros, lo dio sentido (al filmar la irracionalidad de la violencia) y textura (con algunos planos antológicos y el uso impresionista del color).

Los niños y los pájaros

Actores: Herramientas al servicio de la causa.

Trenes: El mejor de los decorados hitchcocknianos: en él desaparecen ancianas aficionadas a las canciones silbadas (Alarma en el Expreso), se planean intercambios de asesinatos (Extraños en un tren), se conocen caballeros caraduras (Sospecha), se presentan a personajes cansados de huir de si mismos (La sombra de una duda) o sirven de preludio (elíptico) para actos sexuales de naturaleza explícita (Con la muerte en los talones)

Madre: La protagonista de la última etapa del mejor Cine de Hitchcock (desde Psicosis a La trama, pasando por Los Pájaros y Marnie). Dicen que el Cine de Spielberg presume de alguna fijación similar. No sé yo.

Marnie: La sublimación del Cine de Alfred Hitchcock. Descriptor del personaje hitchcockniano por excelencia: ambiguo, subyugador, apasionante, inolvidable.

Televisión: Medio anteriormente respetado que permitía series de una hora de duración, en blanco y negro, contenedoras de historias de intriga, terror y suspense escritas por Henry Slesar, Robet Bloch, Ray Bradbury, Marian Crockrell, Roald Dahl, Fredric Brown, Evan Hunter...

The Alfred Hitchcock Presents

Suspense: el plano medio de una bomba a punto estallar.

Cine: Un tipo en primer plano. Vamos a ver lo que está viendo. Supongamos que ve a una mujer con un bebé en los brazos. Ahora cortamos y recogemos su reacción ante lo que ve: él sonríe. ¿Cómo es el personaje? Es un hombre agradable, simpático... Ahora vamos a colocar un plano de una chica en bikini. Él mira. La chica en bikini. Él sonríe... ¿Qué nos parece ahora? Un viejo verde. Ya no es el mismo caballero a quien le gustaban los bebés..

Cameo: ornamento egocentrista presente en todas las películas del Maestro desde El enemigo de las rubias. Algunos tan hilarantes (e imaginativos) como el que protagoniza en Náufragos/Lifeboat (un anuncio en el periódico de unas pastillas adelgazantes) y otros, simplemente, rutinarios que sirven para atraer la atención del espectador desde la primera secuencia. Algo habitual en el cine de hoy (preguntad a Shylaman), uno de los más llamativos lo protagonizó Amenábar en Los otros al transformarse, nada más y nada menos, en uno de los cadáveres que aparecían en el libro de los muertos.

Hitchckoniano: adjetivo de naturaleza homenajeadora que define las mejores secuencias de suspense (y no sólo de suspense) de todos los tiempos.

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Sólo quedan ocho días

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El Experimento: la naturaleza humana a examen

10 de Diciembre, 2004, 0:00

Por @ 10 de Diciembre, 2004, 0:00 en General

En estas semanas que preludian las hipócritas fiestas navideñas, he venido acumulando el visionado de algún film que analiza, deseándolo o no, la condición perversa de nuestra sociedad y su compromiso para crear individuos indeseables y bienes de consumo satisfacedores de las necesidades (y conflictos) más insubstanciales.

Me pasó ayer cuando revisaba, por enésima vez, Celebración/Festen de Thomas Vintenberg, el primer dogma y -aún hoy- uno de los mejores (algunos diréis que lo tenía fácil pero también la estoy comparando con obras tan lúcidas como el Mifune de Kragh-Jacobsen) y me pasó hace una semanas con el visionado de El Experimento, film alemán de ascedencia vaticinadora que nos da de bruces contra el reverso más tenebroso, de ésta, nuestra (aparente y desencantada) sociedad.

Das Experiment

El Experimento muestra, efectivamente, la investigación en la que dos grupos de personas -de diversa condición social y motivaciones- se prestan a renunciar a la mayoría de sus derechos civiles y a vivir, encerrados, en una institución donde sus roles habituales (de taxista, kiosquero, empleado de terminal de aeropuerto...) serán asimilados (literalmente) por los de carcelero y preso. Dicho experimento, financiado por los contribuyentes por cuenta de una Facultad de Medicina (y de un director de experimento demasiado entusiasmado con el proyecto que tiene entre manos), tendrá aparejada como elemento motivante y a la finalización del mismo, una cantidad de dinero -juzgamos- no muy disparatada, y más de una acertada reflexión.

Con esta sencilla propuesta (que entusiasmaría a más de un productor televisivo), asistimos a una indagación lúcida sobre la naturaleza destructiva del hombre y su irrefrenable deseo de poder y superioridad para con sus iguales, su adaptabilidad para la asunción de nuevos roles provenientes de situaciones de desigualdad (pensad en los funcionarios conniventes con quienes perpetan un golpe de estado), y su ineludible condición automasoquista.

El guión se centra, únicamente, en algunos personajes (un periodista en paro que trabaja de taxista y que busca en el experimento y en su cámara oculta, la oportunidad de recuperar su anterior puesto de trabajo; un quiosquero tristón y depresivo que echa de menos la compañía; un oficial del ejército infiltrado...) y sobre ellos, construye un entramado más o menos efectista, repleto de momentos de auténtico brío y de otros, que dejan que la acción fluya con una cierta diligencia. Todo junto ofrece como resultado uno de los filmes más incisivos de los que he tenido oportunidad de visionar en los últimos tiempos y, sin duda, el más desesperanzador de todos ellos.

Buen cine europeo, sí señor.

Lo más destacado: las excelentes interpretaciones de todos los protagonistas y la credibilidad de la historia en general.

Lo menos destacado: menos participantes en el experimento hubiera resultado igual de eficaz.

Calificación: 8,5

La exageración de Mankiewicz

8 de Diciembre, 2004, 0:00

Por @ 8 de Diciembre, 2004, 0:00 en General

"Para escribir el guion de una buena pelicula hacen falta dos años, para rodarla dos meses, para efectuar el montaje dos semanas, para dar los ultimos retoques dos dias, para verla dos horas, y para olvidarla dos minutos." Joseph Leo Mankiewicz.

Odessa

No todas se olvidan a los dos minutos, ¿verdad, Joseph?

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12 días y 12 noches...

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La Pluma y el Guionista

6 de Diciembre, 2004, 0:00

Por @ 6 de Diciembre, 2004, 0:00 en General

Presumió durante toda su vida de haber conocido a gente importante, ya sabéis, de aquella que salen en las portadas de la revistas y son recibidos con mirada afanosa por los directores de los bancos; tipos acostumbrados a recoger premios, elogios y reconocimientos de aquellos que financian sus inversiones con el talento de los demás. También se vanagloriaba de haber conocido a un ilustre futbolista e, incluso, a varios premios Nóbel: de literatura, de astrofísica, de la paz. Uno de estos se atrevió a regalarle un mechero. Si alguna vez hubiera tenido algo que quemar habría utilizado aquel atento regalo que, desde entonces, adornaba uno de los bolsillos de su ajado chaleco.

Se levantó durante los últimos 50 años de su vida a las seis de la mañana, y cada día, minutos antes del amanecer, dirigía sus pasos hacia aquel hotel, saludaba a uno de los recepcionistas, y se introducía en el ascensor, convenientemente uniformado, para comenzar su tarea diaria. Sus huesos se rodeaban de un gran cajón de hierro forjado, acabados de latón, adornos decimonónicos. Su oído se había acostumbrado al chirriar de los engranajes, al ruido del abrir y cerrar de unas puertas que databan de más de un centenar de años. Su gesto afable, su sonrisa cómplice, sus infalibles pronósticos del tiempo, le habían granjeado una gran reputación incluso en otras ciudades y hoteles. De los tres ascensores con los que contaba aquel hotel, el suyo siempre era el más utilizado. Una mañana de octubre le dio por morirse entre la planta cuarta y la quinta. Aquella vez no le acompañaba nadie.

El ascensor no había constituido una parte esencial de su vida: había sido su vida. De arriba a abajo, de abajo a arriba, había acumulado miles de kilómetros y, en realidad, nunca se había movido del sitio. No le importaba. No le importó. La leyenda cuenta que murió con una sonrisa en sus labios aviejados.

Cuando alguien propuso hacer de la historia de aquel ascensorista una gran película, al productor le dio un ataque de risa de tal magnitud que el ingenuo guionista tuvo que llamar a su secretaria para que lo volviera en sí. Si en aquel momento hubiera estado fumando uno de los habanos a los que tanto estaba acostumbrado se lo hubiera tragado sin remisión. "¿A quién le importará la historia de Nadie?", bramó. Y volvió a reír, más comedido, mientras se alejaba.

El guionista, viéndose rechazado una vez más, se condenó a escribir guiones de teleseries de por vida. Aquella misma noche, una de esas noches de diciembre donde los turrones se confunden con manjares y las tristezas emergen de lo más profundo de uno mismo, llegó a casa, se abrazó a su esposa y desenvolvió el regalo de su cumpleaños con una cierta apatía. Aquella pluma ornamentada con ribetes dorados, tan hermosa, había estremecido su corazón. En aquel momento supo que nunca la utilizaría y que si lo hacía, únicamente lo haría por dinero.

No supo reprimir el llanto.

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Sólo quedan 14 días

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Diálogos "increíbles"

4 de Diciembre, 2004, 0:00

Por @ 4 de Diciembre, 2004, 0:00 en General

Jefe: Siéntate Bob... (Bob se sienta) No me siento feliz Bob. Ni un poquito. Pregúntame por qué.

Bob: ¿Por qué?

Jefe: ¿Por qué que? Es-pe-ci-fi-ca.

Bob: ¿Por qué no se siente feliz?

Jefe: Pues por culpa de tus clientes. Por eso.

Bob: ¿Se han quejado tal vez?

Jefe: Podía aguantar las quejas. Lo que no aguanto es el inexplicable conocimiento que poseen de los entresijos de Insurithern. Son expertos. ¡Expertos, Bob! Se aferran a los recovecos..., salvan cualquier obstáculo...¡dominan la tediosa burocracia!

Bob: ¿He hecho algo... ilegal?

Jefe: No.

Bob: ¿Es incorrecto defender al cliente?

Jefe: La ley exige a que conteste que no.

Bob: ¡Debemos ayudar a la gente!

Jefe: ¡Pero a nuestra gente, comprendes? A nuestros accionistas en primer lugar: ¿quién se preocupa por ellos? Eh! Escucha: Una empresa...

Bob: (en voz baja) ...Es igual que un enorme reloj

Jefe: ...es igual que un enorme reloj, ¡sí me lo has leido!, sólo funciona cuando todos los pequeños engranajes encajan bien. El reloj hay que limpiarlo, lubricarlo bien y darle cuerda. Los mejores relojes tienen pivotes que encajan y engranajes que están pensados para cooperar. Hablo en sentido figurado, Bob. Sabes a lo que me refiero Con engranajes cooperativos, Bob. Bob... ¡Bob...! ¡Mírame cuando te estoy hablando Bob!

Bob: Ese hombre de ahí está en apuros.

Jefe: No cambies de tema. Estamos hablando de tu actitud.

Bob: Es que le están robando...

Jefe: Pues espero que no sea cliente nuestro.

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¡¡faltan 16 días!!

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Las Hermanas de la Magdalena: la memoria del Cine

3 de Diciembre, 2004, 0:00

Por @ 3 de Diciembre, 2004, 0:00 en General

Las Hermanas de la Magdalena/The Magdelene sister es una dura crónica social inspirada en los conventos de la Magdalena, que durante buena parte del siglo pasado servían como refugio y lugar de expiación a mujeres que habían sido repudiadas por su familia y/o entorno por razones de índole moral...

Bernadette

Film de gran dureza y que se sigue con un doloroso (y permanente) nudo en el estómago, la película nos introduce en las peripecias de un grupo de jóvenes "reclusas" condenadas por el entorno socio-familiar que las hospeda, a redimirse de sus "pecados" (a saber: Bernadette ha coqueteado con los chicos en un patio de colegio; Rose es una joven madre soltera repudiada por su familia a la que obligan a ceder a su hijo en adopción; Margaret acaba de ser violada por su primo... ) en una congregación religiosa de aires despóticos que, al tiempo que se dedica a destrozar el presente y el futuro de las mujeres allí encerradas, utiliza toda aquella mano de obra para aposentar los pilares de toda una franquicia de lavanderías.

Peter Mullan, actor (al que los adictos al cine de Ken Loach veneramos por su intervención en Mi Nombre es Joe) y brioso director compone en Las Hermanas de la Magdalena un feroz retrato de una sociedad enferma de puritanismo, hipócrita y aparente, que utiliza la religiosidad y el fervor de sus devotos para garantizar el mantenimiento de un status quo opresor (desde el punto de vista de la moral) y desigual (en las relaciones familiares), sustentado por el rigor y el despecho de aquellos que hallan el sentido de sus vidas en el dominio y en el poder que ejercen sobre los demás. Un modelo de sociedad, en fin, harto reconocible (y extrapolable a otras sociedades, regiones, épocas), de ascedencia hermética y déspota que tiene como hobby la humillación, el repudio y el desprecio de aquellos que ingenuamente la sustentan.

La película de Peter Mullan no se conforma con mostrar los castigos físicos y psíquicos que las hermanas de la congregación espetan contra sus congregadas de un modo más o menos eficaz sino que se gusta de construir algunas secuencias explícitamente cinematográficas, de gran calado emocional y sumamente intensas, mitigadas con una única secuencia (aquella que protagoniza el cura y su traje urticárico - breve y culminada de forma dramática) que permite la sonrisa y por otras tantas, que hurgan en la herida de estas mujeres condenadas a sobrevivir en una penitencia impostada.

Cine de terror en estado bruto, en definitiva, financiado por el compromiso de aquellos que como Ken Loach o Stephen Frears saben apostar por un cine combativo y de denuncia sin declinar los valores narrativos y geniales (dimanantes, sobretodo, del extraordinario trabajo de interpretación de los actores) propios del lenguaje cinematográfico. Tipos que, como Peter Mullan, presumen acostumbrados de saber plasmar sobre celuloide fragmentos de existencias trágicas adimentadas por destellos de tenue humanidad. Restos de desalientos cinematografiados que encuentran, también aquí, su lugar y sentido en esta indispensable, ineludible y necesaria película.

Lo más destacado: el (equilibrado) reparto de los momentos más dramáticos entre todas las protagonistas; por descontado, la soberbia actuación de todos los intervenientes (en especial, y por contraposición: el nada acomodaticio cameo del propio Peter Mullan) y el (justo) desahogo de su final.

Lo menos destacado: no apta para corazones (demasiado) sensibles

Calificación: 8,5

Dos aventureros

1 de Diciembre, 2004, 0:00

Por @ 1 de Diciembre, 2004, 0:00 en General

Navegando sin rumbo pero iluminado por el faro de los proyectos reivindicables, me he topado con dos autores, productoras y proyectos audiovisuales de carácter (ultra)independiente que merecen, claro que sí, su reseña en ésta, por lo demás, (ultra)independiente web de cine.

A través de la página de la productora Aticus Films os podéis descargar el teaser de "El Horror de la Dama del Lago", de sugerente título, presencias, y argumento que supone la ópera prima de Diego Vázquez, al que muchos de los lectores de las páginas de cine internáuticas podéis recordar como uno de los críticos de La Butaca.net, que pretende -desde la una limitación de medios abrumadora- reflotar los fundamentos de un cine de género de carácter artesano y que se atenga a unas reglas temáticas y estéticas definidas desde la producción (os suena a Hammer, ¿verdad?)

El Horror de la Dama del Lago una película de Diego Vázquez

En fin, en un contexto creativo acomodado y arquetípico como en el que se instala nuestra cotidianidad resulta alentador encontrarse con propuestas (arriesgadísimas) tan sugerentes como la de Diego Vázquez. Desde el Cronicón Cinéfilo seguiremos el alumbramiento de esta interesantísima propuesta creativa y, naturalmente, el éxito de esta película que se atreve a titularse: "El Horror de la Dama del Lago".

También busca distribución y mayor apoyo institucional, el último trabajo del escritor teatral y cortometrajista videográfico Carlos Atanes, el largo FAQ (Frequently asked questions), un film de aires distópicos (o lo que es lo mismo: me encantará), de escaso presupuesto, mayor imaginación y propuestas ciertamente prometedoras que supone una rara avis en una cinematografía usualmente atiborrada de productos-fórmula y que, claro está, no dudaremos en apoyar y seguir desde éstas páginas cinéfilas.

FAQ de Carlos Atanes

No será la última vez que oigáis hablar de ell@s, ya veréis.

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